martes, septiembre 26, 2017

20170919-13:14. Miedo.

20170926. Llevo días sin escuchar música, eso resume mi estado de animo. Tampoco he podido llorar, aunque eso sea quizás efecto de los antidepresivos. Intento leer y no puedo concentrarme, quiero escribir y nada me sale. Me consume la ansiedad por las noches, me cuesta trabajo dormir, en mi mente sólo hay una duda constante: ¿Qué más puedo hacer?
Siento que toda acción es poca. Dar, dar y dar no alcanza, nunca es suficiente, creo que es cómodo. Quiero estar afuera, hundiendo mis manos entre escombros, quiero estar afuera y servir. Sentirme útil. Pero mi mano en la férula, mi brazo en el cabestrillo, son grilletes que sujetan muy fuerte, más de lo que esperaba, más que la propia esclerosis. Que suerte tienen, pienso en mi frustración, los que están sanos y pueden ir a las zonas afectadas a brindar apoyo, los que tienen que ir a trabajar y encuentran un tiempo para ayudar, me imagino que su mente ocupada no resuena esa voz... ¿Qué más puedo hacer?

Fotografía Anylú Hinojosa-Peña


20170919. Oscar habló temprano ese día, volaría al siguiente a Reynosa, ¿por qué no nos vemos? ¡Estamos cerca! Desayunemos. Nos reunimos en un punto intermedio, comimos en un tianguis, yo pedí un chile relleno y un taco de papa, él dos de queso. Acordamos ir al centro, pasar a la plaza de la tecnología, quizá subir al mirador de la Torre Latinoamericana. Pasaría primero al departamento donde se estaba alojando, tenía que recoger su inseparable messanger bag. Caminamos con rumbo al edificio de la calle recreo en la colonia Del Valle sur. Íbamos bromeando con los nombres de las calles: "Oso", "Tigre"; pasábamos por una construcción cuando sonó la alerta sísmica. Ese día se conmemoraban 32 años del sismo que arrasó la ciudad, en esta fecha siempre hay simulacros, eso pensé, eso le dije a Oscar. Acto seguido escuché el golpeteo de las botas de seguridad.
Esa imagen la tengo presente, como una fotografía, la estampida de trabajadores de la construcción abandonando el edificio, corriendo, su rostro angustiado. Oscar me dijo algo que no entendí del todo, alzo la mirada y veo el andamio que se balancea, Oscar avanza, me ve y me dice que corra, que eso se puede caer.
Estábamos muy cerca del punto de reunión, la zona segura de Galerías Insurgentes. Vi gente corriendo descalza, hombres sin camisa, las meseras con el uniforme de un restaurante salieron en orden y se acomodaron en filas, como el contingente de un desfile militar. Vi los cables de electricidad balancearse, el edificio de la esquina que se movía, como si su cuerpo fuera blando y no una estructura de concreto y metal.
Vi gente llorar, perros juguetones que les movían la cola a sus dueños sin comprensión aparente de lo ocurrido, nadie grababa vídeos con el celular, nadie veía las redes sociales. El sismo parecía eterno. Era yo, el sismo pasó y me sobrevino el vértigo, algo "normal" en mi condición de paciente con Esclerosis múltiple. Oscar me vio, me dijo que me veía asustado, y yo lo veía a él asustado. Hablamos con la gente alrededor, reanudamos la marcha, en el camino la gente no volvía a sus edificios, había ancianos en la banqueta con su tanque de oxigeno, oficinistas llorando, gente abrazándose. Personas pidiéndole a otras personas que apagaran los cigarros.
Oscar subió al departamento, yo lo esperé afuera, gente hablaba de vidrios tronando, ventanas rotas, alguna grieta en las paredes. Cuando regresó caminamos al metro aún con la idea de ir al centro, la estación Insurgentes sur de la linea 12 ya estaba cerrada. No podía acceder a internet desde mi teléfono celular, seguimos caminando, hacia el parque Tlacoquemecatl, nos sentamos en una banca, el lugar está rodeado de oficinas, la gente afuera esperando la indicación para volver a su edificio.
Nos tomamos una selfie, bromeando, bromeando para ocultarnos que teníamos miedo, no necesitábamos decirlo, lo sabíamos, es uno de esos códigos de amistad no escritos. Nos tomamos una selfie bromeando, ignorantes aún de lo que ocurría unas cuadras más adelante.
Oscar es ese tipo de persona que me gustaría ser, muy seguro de si mismo, un hombre de paso firme, de los que caminan erguidos, con un aire un tanto soberbio, orgulloso. Nunca imaginé ver el miedo reflejado en sus grandes ojos verdes. Y me reconforta de una manera que no sé explicar, saber que este hombre fornido estaba sintiendo el mismo temor que yo.
Decidimos ir a mi casa, pasar la tarde ahí, en el camino vimos azulejos caídos, el yeso de algunas paredes en el suelo, pero fue hasta que llegamos a Insurgentes Sur que nos percatamos de la cantidad de gente en las calles, el flujo de automóviles detenido. Una mujer se nos acercó para preguntarnos como llegaba a Churubusco, que no podía comunicarse con su hijo. Otra se nos unió y comenzó a hablar de edificios colapsados, de escuelas que se derrumbaron. Sólo ahí nos dimos cuenta de que algo muy grave había pasado, comenzamos a asimilarlo cuando las primeras imágenes televisivas nos bombardearon aún antes de llegar a casa.
Ya en el departamento, Oscar se apoderó de mi computadora, verificó su vuelo, puso las noticias. Revisé el lugar, salvo alguna lampara en el suelo y los enseres del baño tirado, todo estaba bien. Hablamos mucho, tomamos decisiones sobre que podíamos hacer, que debíamos y que no hacer. Estamos bien, en un sitio seguro y aportamos lo que estaba en nuestras manos, aunque se sienta insuficiente, aunque sigamos haciéndolo. Esa tarde del 19 de septiembre del 2017 fuimos afortunados. Al rededor de dos centenares de personas han perdido la vida a consecuencia del terremoto sólo en la capital del país. Los estados de Morelos, Puebla, Estado de México y Oaxaca presentaron también victimas mortales.


20170920. Alam es ciclista empedernido. Trabaja hasta tarde, sin riesgos en su edificio y sin daños en aquella zona el negocio requiere su atención.
Por la mañana lo veo salir del departamento que compartimos. Alam sale del trabajo y no marcha a casa, pasa a un centro de acopio en un restaurante de Polanco donde le dan materiales de curación que lleva sobre su bicicleta a uno de los múltiples centros de acopio del corredor Roma - Condesa, donde le dan herramienta que llevan en caravana a uno de los edificios colapsados en la colonia Del Valle. Y así lo ha hecho desde aquel día.
Alam es un ejemplo de lo que cientos de personas están haciendo. Hay muchos voluntarios que en el anonimato están ofreciendo su trabajo, su esfuerzo, sus recursos, su tiempo para ayudar. Gracias a personas así, recobró un poco la fe en la humanidad.

Fotografía Anylú Hinojosa-Peña


Lo siguiente es historia conocida.
México se muestra solidario. Los jóvenes se vuelcan a la calle para ayudar a las labores de rescate. Las autoridades se ven superadas, pequeñas; rebasadas por una sociedad civil que les grita a la cara ¡No estorbes! Lentos, mastodonticos mueven sus estructuras oficiales para brindar la ayuda que la situación demanda. Pero en el centro de la tragedia la sociedad civil actúa. La gente se despabila y renace la esperanza de un despertar de conciencia en todos.

Fotografía Anylú Hinojosa-Peña


Las redes sociales se vuelven un vehículo necesario para organizarse y canalizar ayuda, denunciar, reportar, dar información puntual y al momento de lo que ocurre. Facebook, Twitter, Instagram se vuelven más fidedignos que las principales televisoras del país.
El mundo dirige su mirada a México, países hermanos mandan apoyo. Vemos a los brigadistas, al ejercito, a la marina, trabajar al lado de los civiles que han estado ahí desde la hora cero.

Fotografía Anylú Hinojosa-Peña


Así es México. Así te quiero México, unido.

20170926-15:03. La tragedia no estuvo exenta de rapiña, de gente malhadada y de los diferentes niveles de gobierno. No estuvo libre de rumores y notas falsas en redes que se compartieron virales sin el mínimo criterio de los usuarios, causando terror y desinformando. La corrupción del gobierno federal, delegados, jefes de gobierno, gobernadores, alcaldes, nuevamente se hizo visible. La tragedia no estuvo libre de oportunismos. No faltó quienes buscaron protagonismo, ese es el triste papel de la clase política, de todos los colores. Pero esa, es otra historia.

La emergencia sigue. La reconstrucción será larga, difícil. No perdamos el animo, ni la unidad. No perdamos la humanidad.

jueves, agosto 24, 2017

Enamorarse de la piel del cocodrilo: Presentación y dinámica #SelfieCocodrilo

Editorial Montea invita a la presentación del poemario “Enamorarse de la piel del Cocodrilo” de un servidor, con la participación de Eduardo de Gortari.

Sábado 9 de septiembre a las 18 horas en Marabunta. Miguel Ángel de Quevedo 485c,Col Romero de Terreros, Coyoacán. Ciudad de México.




(Foto Tochiro Gallegos/ Diseño RIVLOG)


Esta es la primera dinámica para quienes ya leyeron #EnamorarseDeLaPielDelCocodrilo.
¿Quieren leer la novela "Zorros urbanos" de Juan Pablo Torres?
1.- Tómate una selfie con mi poemario.
2.- En la descripción cita una frase que te haya gustado.
3.- Compartela en Facebook, Twitter o Instagram con el hashtag #SelfieCocodrilo.
4.- La publicación con más likes hasta el 30 de agosto se gana un ejemplar de "Zorros Urbanos". (Para twitter, sólo cuentan los likes, los RT no. Para instagram sólo cuentan las imagenes púbicas).
5.- Sólo se puede participar con una imagen, pero la misma se puede compartir en FB, TW y/o IG al mismo tiempo.


La o el ganador se dará a conocer en los primero minutos del 31 de agosto de 2017 en esta página.


¡Tomate tu #SelfieCocodrilo ya!

miércoles, agosto 09, 2017

Un viaje de León a Londres: Zorros Urbanos

Se calcula que actualmente viven a sus anchas y en completa libertad diez mil zorros en la capital Inglesa. En la década de los años treinta, el crecimiento de la mancha urbana londinense robó el habitad natural de estos mamíferos quienes no tardaron en encontrar acomodo en los muchos parques y jardines que esta ciudad posee.
Los habitantes de la City se han acostumbrado a su presencia, aunque aún existen detractores quienes intentan cazarlos o ahuyentarlos de su propiedad.
En este marco se desarrolla “Zorros urbanos”, tercera  novela del joven escritor leonés Juan Pablo Torres.
A lo largo de sus 87 páginas conoceremos la historia de Cristóbal, un joven empresario de León, Gto, que se dedica a la venta de botas de piel de caguama, hasta que se entera que la policía lo está buscando y decide huir a Londres para refugiarse con un amigo mientras se calma las cosas.
Es en esta ciudad donde Cristóbal tiene que confrontar la soledad, al fantasma de un hermano muerto, donde sin sospecharlo es una pieza en el rompecabezas de una mujer que planea su propia muerte o verse de pronto compartiendo sus soledad con la de un viejo cazador. Siendo testigos omnipresentes; aunque apenas asomados, los zorros londinenses
Cristóbal está en Londres, pero sus pensamientos siguen en León y en su pasado, él es al final del día como los zorros, está ahí y podría pasar desapercibido o apenas llamar la atención para desaparecer de la vista de los habitantes de la capital financiera del mundo. Él es un fugitivo que en su huida se conecta más consigo mismo.
El ejemplar es además un pequeño libro de viaje que comienza en el bullicioso centro de León y que nos conduce a recorrer Londres a pie o en el Underground, recreando imágenes no tan conocidas de la capital del Reino Unido que escapan apenas de las zonas turísticas que vemos en postales.
Apostando por la edición de autor, Juan Pablo presentó este trabajo en julio de este año, en formato digital y se encuentra a disposición para descarga en el portal de Amazon: http://www.amazon.com.mx/gp/product/B010RLQ500?keywords=Zorros+urbanos&qid=1437403686&ref_=sr_1_1&sr=8-1
En 2016, de la mano de Editorial Artiva se presentó la edición impresa.

sábado, junio 03, 2017

Tengo algo que decir de la elección en el #EdoMex

Nunca he creído en el voto útil. Siempre he pensado que es un concepto que sólo beneficia a la partidocracia y no al pueblo.
Tampoco simpatizo con Morena. La realidad es que hoy día es el único partido que tiene una intención de voto que podría sacar al PRI del gobierno del Estado de México. Creo que eso es lo importante en esta elección, que Del Mazo no sea gobernador, que el grupo Atlacomulco pierda el poder.
Mañana es la elección, y como no soy candidato, ni funcionario, ni estoy en la radio actualmente sí puedo decirles a mis amigos que votan en el EdoMex que voten por Delfina, que salgan a ejercer su derecho, y que sea conscientes que están obligados a, si gana ella, exigirle cuentas, transparencia (aunque a AMLO no le guste), una agenda amplia y equitativa en materia de derechos humanos: que el matrimonio igualitario, la interrupción legal del embarazo sean temas a legislar, temas a los que se les tiene que dar la cara y no salirse por la tangente (como AMLO).
Que la justicia sea expedita, que se deje de criminalizar a las víctimas, que las escandalosas cifras de feminicidios y crímenes de odio paren, que los expedientes se resuelvan y dejen de estar guardando polvo. Exigir un alto a la impunidad, que los asaltantes no salgan libres apenas pisen la cárcel, que estemos conscientes que los justicieros anónimos no son héroes, sino síntoma de una sociedad enferma y cansada.
Sí amigos, voten por Delfina. Pero sean ciudadanos exigentes si la llevan a la gobernatura. Que sea una gobernadora que trabaje para la gente y no para el Peje.

martes, marzo 21, 2017

Enamorarse de la piel del cocodrilo

No sé si este blog ya dió todo lo que tenía que dar, por lo pronto deja de estar del todo en el ciberespacio...



Pronto les doy detalles para adquirir este pequeño poemario.