jueves, diciembre 23, 2010

Una nota navideña.


Hace cosa de 2000 años un judío renegado hizo algo que tambaleo al status quo en Jerusalén. Al punto que a este hombre terminaron ensartándolo (unos dicen que en una cruz de madera, otros que un árbol. Sea lo que sea lo ensartaron) las autoridades tanto romanas como judías.
Por este hecho muchos vieron algo mesiánico, y otros más vivos aprovecharon para fundar cultos y sectas por todo el territorio dominado por Roma. Al punto que casi 100 años después (o más, no tengo la referencia bibliográfica a la mano, una disculpa) el emperador Constantino aplico aquello de “si no puedes con el enemigo, únetele” y se volvió cristiano y dono a la naciente iglesia cristiana antigua los terrenos que hoy son el Estado Vaticano.
Lo cierto es que basándose seriamente en la poca evidencia histórica que se ha salvado y no fue alterada por la mano de la iglesia, apunta que aquel hombre crucificado no era un Mesías, sino un guerrillero que organizaba una insurrección de judíos en contra de la dinastía del rey Herodes por una cuestión de casta (Herodes no era judío de nacimiento, sino un persa convertido, que haciéndose soldado subió a los más altos rangos hasta lograr un matrimonio noble y llegar a ser rey) y por la sumisión de esta dinastía a Roma.
Así que, perdónenme ustedes por no enviar tarjetas de navidad, para conmemorar (en fecha dudosa) el nacimiento de uno de tantos guerrilleros asesinados por las fuerzas en el poder en determinada época. Es como si felicitara a todos el 14 de junio por el nacimiento de Ernesto “El Che” Guevara de la Serna.
Para decirle a mis afectos cuanto los amo, y abrazar a mis amigos no necesito una fecha, solo hacerlo, de corazón.
Pero, mientras tanto, gracias al tal Jesús alias “El Cristo” y a su cumpleaños, hoy me dispongo a pasar unos días de fiaca en compañía de algunas de las personas que más quiero y en un lugar que me encanta. Por lo tanto: ¡Jesús es chido!