jueves, junio 28, 2018

San Juan Chamula



Estando de vacaciones en San Cristóbal de las Casas, en Los Altos de Chiapas, no podía dejar pasar la oportunidad de conocer la muy famosa iglesia de San Juan Bautista en el centro del municipio de San Juan Chamula.
Primero que nada, por acuerdo con A, decidimos no utilizar los servicios de visitas guiadas que te ofrecen en cualquier rincón de San Cristóbal, así que nos animamos a tomar un transporte colectivo que sale del mercado de Santo Domingo y te deja en la explanada de San Juan. El viaje dura aproximadamente 20 (más o menos).
La expectativa era grande desde el momento que abordamos la unidad, lo mismo escuchábamos hablar en español que en tzotzil o en francés. A mi lado viajaba una pareja guatemalteca que estaba de vacaciones también en San Cristóbal.
El recorrido aunque corto, no deja de presentar un encanto enmarcado por los cerros verdes rozados por las nubes los campos de cultivo y las escenas de vida cotidiana de los Chamulas cuidando el rebaño de ovejas mientras estas pastan indiferentes a los vehículos que corren por la carretera plagada de curvas.
El pueblo de San Juan Chamula es una comunidad maya de habla tzotzil, una comunidad que se rige de acuerdo a los usos y costumbres arraigados de sus pobladores, en la explanada hay un tianguis de artesanías para los turistas, aunque también hay puestos de hortalizas y otros donde venden los sahumerios y los candelabros que se utilizan al interior del templo que es el telón de fondo de esta postal.
El edificio luce impecable por fuera, pintado de blanco con detalles en verde, no muestra signos visibles (al menos) de daños, a diferencia de muchas iglesias de la zona por los sismos de septiembre pasado. El camino a la entrada es indicado por una cruz de madera verde que dicen los que saben, está cubierto de simbología maya y poco tiene que ver el significado de la cruz cristiana.
De hecho, a pesar de su nombre, no se trata de un templo católico. Es una iglesia sincrética que conjuga la cosmovisión maya-tzotzil con el culto católico. No hay ministros religiosos a su interior, pero sí hay chamanes que ocupan un espacio cercano al atrio.
Un hombre joven, de sombrero y chaleco negro de lana "peluda", está en la entrada de la iglesia. Es enfático al remarcar que está prohibido el uso de cámaras fotográficas al interior del recinto, tampoco se pueden utilizar gorras o sombreros. Tras recibir la "autorización" (que tiene un costo de $25 MXP por persona) entramos al templo.
El golpe de un aire viciado con el olor del copal mezclado con el de la cera quemada te recibe para embriagarte de la atmósfera armonizada con los rezos monótonos y cansinos de los chamulas, hay un conjunto musical en el atrio que rasga las cuerdas de guitarras que acompañan las plegarias.
Las imágenes de los santo católicos ataviados a la usanza chamula descansan al interior de cajones de madera sobre el suelo en los costados, con centenares de veladoras frente a ellos y ofrendas que los habitantes les dejan. Las figuras están flanqueando un espacio sin bancas.
Los locales rezan sobre una alfombra de agujas de pino que cubren el piso del templo, no hay bancos ni sillas. Los fieles rezan en grupos familiares o individualmente, acuclillados frente a las velas que ofrendan, colocadas en un orden especifico de tamaños y colores.
La cera derretida forma siluetas caprichosas en el azulejo del lugar, y la danza de las flamas te hipnotiza en la contemplación de la comunión de los chamulas con lo divino.
En el interior recargado de la iglesia de San Juan Bautista nada se siente desordenado, hay un trabajo constante de limpieza en cuanto un espacio se desocupa, alguien recoge las velas y limpia los rasgos de cera.
Me tocó presenciar como una mujer ofrendaba un gallina, aún no estoy seguro de encontrar las palabras para describirlo objetivamente.
La iglesia de San Juan Bautista funciona como el engranaje de un reloj a su interior, aunque afuera de sus paredes, el pueblo de San Juan Chamula muestra una cara distinta, gente reacia a hablar con los foráneos, al rededor del templo la mendicidad es asfixiante, sin importar la buena voluntad que pueda moverte, te sobrepasa.
Esta es un experiencia única ¿la vivirías?



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