domingo, abril 21, 2013

El día que utilicé el transporte público.


(Imagen del Club de peceros)



Regresé a casa en al autobús que va de las fábricas al centro; mi auto estaba descompuesto. Me vi apretujado en medio del olor a sudor que caracteriza a los obreros, sus rostros grises y uniformes desgastados.

No alcancé asiento, conforme avanzaba era inevitable chocar contra ellos, indiferentes, acostumbrados a ser transportados como ganado.

Una pareja llamó mi atención, estaban sentados al lado, era muy jóvenes; ella delgada, morena, tenía una sonrisa prodiga. Él, con el cuerpo marcado por el trabajo duro. Gente ordinaria de estatura promedio; no hablaban, sólo se besaban. Para ellos sobraban el mundo y sus palabras.


(Este mini-relato no fue seleccionado en una convocatoria, por lo que no tengo empacho en compartirlo en el blog)

1 comentario:

315517 dijo...

Qué lindo cuando te sobra el mundo y las palabras. Para nada ordinario, más bien extraordinario.

ñ_ñ