lunes, enero 30, 2012

Mil ciento veinticuatro kilómetros.





Como autómatas en un despertar paralelo.
Es la gran urbe, capital, el ombligo del universo.
Es la frontera, el territorio del narco, las maquilas.
Es la rutina diaria, siempre es la rutina.
Es esa taza de café que no compartimos.
Es el transito lento al parque industrial.
La congestión del tren subterráneo.
Es el andar cansino, en paisajes distantes.
Es trabajar para pagar las cuentas, sacrificando las satisfacciones.
Es enfrentarnos al mundo, sobrevivir.
Mil ciento veinticuatro kilómetros son en resumen,
La felicidad de unos cuantos minutos al teléfono.
Es no tenernos y sabernos nuestro.
Que la ausencia no opaque el sonreír,
pues tu presencia lo llena todo.
Es un dejo de nostalgia en el recuerdo.
Es depositar la esperanza en el rencuentro.

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